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¿Por qué se produce?

1º El deseo por tener nuevas experiencias y conocer gente diferente provoca un altísimo porcentaje de rupturas de parejas, tanto jóvenes como más maduras.

La rutina después de varios años de relación y/o convivencia, y no saber adaptarse a cada etapa de la vida en pareja, son los desencadenantes para buscar estas nuevas experiencias que frecuentemente dan lugar al fin de un matrimonio o de una relación estable.

En la franja de edad de entre 40 y 50 años muchas personas comienzan a pensar que no han vivido suficientes experiencias sentimentales o afectivas. En ocasiones, alguien cercano nos comenta que tiene una nueva relación sin que lo sepa su pareja habitual, y sus comentarios tipo “he ligado a mi edad con una persona más joven y muy guapa que está muy enamorado de mí” inducen a cuestionarnos si tal vez nosotros podríamos hacer lo mismo. También sucede que frecuentemente formalizamos un matrimonio o una relación estable a una edad muy temprana, y el desgaste del tiempo en la relación puede impulsar la búsqueda de estas nuevas experiencias.

Otra causa de infidelidad es que nuestra pareja ha descubierto que le gustan las personas de su mismo sexo, lo que popularmente se conoce como “salir del armario”, y que deciden romper con su relación para explorar su sexualidad. Los tabúes de antaño ya no existen, la sociedad ha normalizado estas conductas y por lo tanto la ruptura por estas causas es cada vez más frecuente.

¿Por qué sospechamos que puede ser infiel nuestra pareja?

La convivencia diaria nos lleva a tener interiorizada a una serie de pautas de conducta, unas rutinas que de forma repentina cambian. El miembro de la pareja que sospecha de infidelidad va observando mentiras, engaños y modificaciones en el comportamiento habitual de su pareja que le inducen a pensar que algo está pasando y que podría tratarse de una infidelidad.

El descubrimiento, o la sospecha de que hay otra relación fuera del ámbito familiar, nos genera incertidumbre, caos emocional, inseguridad y sufrimiento, por lo que la contratación de un detective ayuda, en primera instancia, a certificar el alcance real de tales sospechas.

Tras la infidelidad confesada por uno de los miembros de la pareja, o descubierta por detectives privados con pruebas fotográficas contundentes, el engañado sufre un gran dolor, humillación y sentimiento de rencor y venganza. A partir de este momento se desarrollan una serie de pasos invariablemente:

1º Se inicia un proceso de separación que suele ser problemático y difícil. Los hijos, lamentablemente, se convierten en moneda de cambio que se utiliza para dañar al otro, y las dificultades llegan también con el reparto de bienes en común e incluso con los temas más triviales como “quién se queda con el cuadro del salón”. La situación de desacuerdo y enfrentamiento se puede prolongar durante años, sin llegar nunca a un entendimiento normalizado como pareja separada.

En cualquier caso no es necesario convertir la separación en un campo de batalla donde expresar nuestra frustración. Si la relación se ha roto lo más inteligente es establecer una fórmula de comunicación basada en el respeto que sirva para defender a los hijos que haya en común dejando al margen todo lo demás.

2º En muchas ocasiones se da el caso de que el infiel es perdonado, poniendo como escudo a los hijos, o bien por mantener un estatus social o un nivel de vida determinado. La pareja decide empezar de cero pero habitualmente la convivencia se vuelve más difícil porque se ha roto la confianza y tendemos a pensar que si ha habido una primera, siempre puede haber una segunda vez.

 

 

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